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Sanadores y estafadores Imprimir Correu
escrit per Joan Canela i Barrull   
dimarts, 02 març de 2010

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(H)
Por mucho tiempo que pase, Johannesburgo siempre consigue sorprender. Y por muchas veces que esté a punto de convencerte que sigues en Europa su africanidad siempre vuelve a atraparte, a veces, por poner un ejemplo, en la figura de los sangomas, los míticos brujos de los colonizadores y que en realidad son una mezcla de médico naturista y psicólogo de gran aceptación entre la mayoría más pobre de la población.

Así, bajo sus inmensos rascacielos se esconden las tiendas de productos tradicionales donde es posible comprar desde plantas medicinales hasta consejos para combatir el alcoholismo, pasando por muñecas que aseguran la fertilidad o collares que espantan los malos espíritus. Y en medio de los terribles atascos se mueven ágiles chicas de piercing en el labio y camiseta Diesel falsificada que reparten publicidad de los sanadores más reputados.

El problema es que junto al sangoma de verdad se encuentra quien promete la cura de todo tipo de  dolencias, el retorno de los amores perdidos, un negocio lleno de clientes, ganar la lotería, unos genitales “del tamaño y grosor deseado” y -por supuesto en el país con más infectados del mundo- la expulsión de VIH. Y si no hay resultado “te devuelven el dinero”.

Sí, en el siglo XXI aún tienen salidas este tipo de charlatanes y, además, muy bien integrados si se tiene en cuenta como se promueven mediante las redes sociales de internet y los mensajes SMS. Y sus consecuencias son visibles en un goteo de noticias, la última esta misma semana, donde se informaba de la muerte de una joven que ingirió la pócima de uno de estos estafadores.

Pero polémicas a parte, los sangomas representan una alternativa barata, cómoda, accesible y comprensible para millones de personas sencillas a la colapsada sanidad pública y a la elitista privada. Unos médicos que le hablan a la gente en su idioma -en el que a la depresión se le llama “mal de espíritu”- y con un gran conocimiento de las plantas y remedios tradicionales.

Estos servicios les convierten, de hecho, en auténtica red de asistencia primaria que ayuda a desmasificar la sanidad pública. Esto es así hasta el punto que ya han llamado la atención de políticos y académicos y crecen los programas para intensificar la colaboración entre la sanidad formal y la tradicional, en forma de derivación de clientes -es obvio que las hierbas no curan el Sida,- cursos de formación y servicios de asesoramiento. Toda una lección de como entrar en la modernidad sin renunciar a las propias raíces y también una revalorización de un patrimonio cultural y científico de valor incalculable. Valor, por cierto, en el que ya se han fijado las farmacéuticas que investigan y experimentan en las plantas de la medicina tradicional africana.

Pero, y los charlatanes? Pues por ahora no hay más remedio que aguantarse y distinguirlos por su absurda publicidad, pero ya existe una comisión parlamentaria que está preparando la ley que regulará la actividad de los sangomas y les obligará a registrarse y observar una “carta ética”.

Así que si quieren que les toque la lotería o vuelva el amor perdido, dense prisa.

Publicat a El Periodico

 
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