“Nunca pensaba que diría
esto, pero estoy totalmente de acuerdo con el gobierno del CNA”. Mensajes
como este, firmados a menudo por nombres en afrikaner, llenan los espacios
de cartas de los periódicos y los foros de internet. La razón de esta
nueva y sorprendente filiación entre el gobernante partido de la mayoría
negra en Sudáfrica y buena parte de la minoría blanca -especialmente
la de origen afrikaner, su histórica enemiga- se encuentra en el enésimo
escándalo relacionado con la seguridad ciudadana en uno de los países
del mundo con los índices de criminalidad más altos.
Un reportaje de las noticias
de la tarde del 15 de enero en el canal etv -la única televisión privada
que emite en abierto- en un momento de máxima audiencia donde dos supuestos
delincuentes con las caras tapadas con medias anunciaban que los turistas
que acudieran a ver el Mundial serían objetivo de sus asaltos y robos.
Después de meses de campañas
de imagen para tratar de convencer a la prensa internacional y a los
posibles fans que Sudáfrica era un país seguro para visitar, este
desafío ha hecho montar en cólera al gobierno entero. Y tras él una
clase media que vota mayoritariamente a la oposición pero que, de forma
abrumadora, considera la inseguridad como el principal problema del
país. En una masiva rueda de prensa, un airado Bheki Cele, Comisario
Nacional de la Policía, acusaba a los periodistas responsables de la
entrevista, Ben Said y Mpho Lakaje, de ser “amantes de los criminales”
y “confraternizar” con ellos. El Ministro del Interior en persona,
Nathi Mthethwa, aseguraba que, tras la negativa de los reporteros a
revelar sus fuentes, no les quedaba “otra opción” que citarlos
para obligarlos judicialmente y anunciaba que podían ser acusados por
“amenazas” e “incitación al delito”. La paradoja es que este
antiguo luchador contra el apartheid ha tenido que apoyarse en una ley
de aquel régimen -la sección 205- para lograr sus objetivos.
Amenaza a la libertad de
prensa o a la seguridad?
Las imágenes de ambos periodistas
entrando en un juzgado de Johannesburgo para declarar -aunque
el juez pospuso la citación a última hora- ha hecho retrotraer a muchos
comunicadores a los terribles efectos de la sección 205 en aquellos
años, cuando numerosos periodista fueron encarcelados de forma indefinida
hasta que no revelaban sus fuentes.
“Por ahora podemos alegrarnos
de tener dos reporteros fuera de la cárcel”, aseguraba Raymond Low,
que como miembro del comité de libertad de prensa del Foro Nacional
de Editores se encarga de la mediación entre las dos partes en conflicto.
Una negociación que no será
nada fácil. Por el momento, la cadena de televisión, en un escueto
comunicado, se compromete a colaborar con la policía pero al mismo
tiempo respalda la decisión de sus profesionales a negarse a revelar
sus fuentes. “Mpho y Ben simplemente han estado haciendo su trabajo
como periodistas. Este tipo de historias no son nada raras en los medio.
-declaraba el director de la cadena Marcel Golding- La reacción contra
nuestro canal ha sido desproporcionada”.
Más misterios
Pero el caso no parece que
vaya a resolverse fácilmente, ni tan siquiera con la detención de
un hombre al que la policía ha identificado como uno de los dos criminales
televisivos. Una semana después de la emisión de la polémica entrevista
aparecía muerto en su casa de Soweto Lucky Phungula. Este amigo de
Mpho Lakaje fue identificado por el periodista como la persona que contactó
con los delincuentes y el único que conocía su identitdad.
Junto al frasco de veneno que
había usado Phungula había una nota donde acusaba a Lakaje de “haberle
arruinado la vida” y de haber “provocado esta decisión”.
Una muerte que añade dramatismo
a un caso que resume, por si solo, algunas de las peores contradicciones
de la Sudáfrica de ayer y de la de hoy.
Publicat a El Periodico