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Cuestión de nombres Imprimir Correu
escrit per Joan Canela i Barrull   
dissabte, 20 febrer de 2010

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(H)
Una organización de derechos civiles llamada AfriForum ha anunciado movilizaciones para “antes, durante y después” del Mundial de Fútbol si el gobierno sudafricano mantiene su proyecto de cambiar el nombre de la capital del país, Pretoria, por el de Tshwane, que en lengua setswana vendría a decir “lugar de las vacas negras”. Pretoria es hoy, y a pesar de ser la sede del gobierno, casi una ciudad satélite de la gran metrópoli Johannesburgo, una suerte de “distrito burocrático” donde se encuentran los ministerios y las embajadas y donde, la verdad, hay pocas vacas, si es que hay alguna.

A los nombres de las organizaciones les pasa a veces lo mismo que a los de los sitios, y aunque a priori puede parecer lo contrario, AfriForum es una plataforma del nacionalismo afrikaner -los descendientes de los colonos holandeses que se instalaron en el país en 1650 y conocidos a menudo como boers- y como Pretoria se llama así en honor a Andries Pretorius, considerado el fundador de esta peculiar nación, pues he aquí la razón del enfado. 

Como en el resto del mundo, aquí los nombres de los lugares físicos reflejan la historia y la cultura dominantes. Pero a diferencia de la mayoría de países, en la “nación del arco iris” no hay una sola versión de lo que hay que conmemorar. Y ningún sitio como en el callejero de Johannesburgo simboliza tanto esta diversidad. Los grandes héroes de la liberación negra -Nelson Mandela, Oliver Tambo, Albertina Sisulu o Chris Hani- ocupan lugares destacados junto a los próceres de la patria afrikaner -Jan Smuts, Barry Hertzog o De Villiers- mezclados con los constructores del imperio británico -la Reina Victoria o Winston Churchill, quien combatió contra Jan Smuts en la guerra Anglo-boer a principios de siglo XX.

Al lado de clásicos de la literatura inglesa -Lord Byron, Charles Dickens y hasta Robin Hood- las grandes voces de la música africana: Miriam Makeba, Brenda Fassie o Margaret Mcingana.

Los referentes geográficos de los inmigrantes europeos -casi todas las ciudades de Irlanda u Holanda tiene calle- se entremezclan con los nombres de los países africanos que asilaron los luchadores antiapartheid.

Por suerte Johannesburgo es una ciudad enorme con sitio para todos -de hecho, es tan grande que las calles se repiten y es imprescindible añadir el nombre del barrio en la dirección- y hoy en día es posible ir a la antagónica esquina Louis Botha con Joe Slovo. El primero fue presidente de la racista Unión Sudafricana y el segundo dirigente comunista, blanco, y fundador de la guerrilla antiapartheid, y aunque nunca llegaron a conocerse seguro que no se hubieran llevado bien.

Solo se han cambiado los nombres de las calles dedicadas a los personajes más ofensivos, tal como le pasó a Hendrick Verwoerd, considerado el “arquitecto del apartheid”, quien fue sustituido por el “traidor” Braam Fischer, un afrikaner de linaje que defendió Nelson Mandela en el famoso Juicio de Rivonia y que hoy se cruza con su suegro Jan Smuts, primer ministro de principios de siglo XX y defensor de la segregación racial.

Toda una metáfora del espíritu de reconciliación de la transición sudafricana.
 
Publicat a El Periodico
 
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