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Camaradas al sol y camaradas con aire condicionado Imprimir Correu
escrit per Joan Canela i Barrull   
diumenge, 14 febrer de 2010
ImageDesafiando un sol de justicia bajan a centenares de los autobuses cantando y bailando. Las canciones se las saben de memoria: las cantaron en las constantes manifestaciones y huelgas que realizaron en su lucha contra el régimen del apartheid. Veinte años después de la liberación de Nelson Mandela miles de simpatizantes y militantes del Congreso Nacional Africano (CNA) volvieron a las puertas de la cárcel de Víctor Verster -a 70 kilómetros de Ciudad del Cabo- para rememorar “el día más feliz de mi vida”, tal y como lo recuerda Adam, que estuvo entonces y no quiso perderse ayer este aniversario.

Todo el mundo recordaba este mágico momento en que el preso político más famosos del mundo, el Madiba (“padre”) caminó los 500 metros que separaban la opresión de la libertad. Y todo el mundo tenía una anécdota que contar: “Yo tenía 11 años y me puse a llorar al ver mi madre llorando”. “Mi casa se llenó de vecinos que no tenían televisión”. Y tras veinte años la fe en Mandela no se ha reducido un ápice: “El es el mayor héroe que hay” relata un hombre llegado de la vecina ciudad de Franschhoek. También se recuerda con cariño a su esposa de entonces, Winnie Madikizela-Mandela, a pesar que no ha aparecido por las celebraciones a pesar que estaba anunciada como principal reclamo. “Tampoco pasa nada si no podía venir” aseguran una chicas haciendo gala de la ya tópica tranquilidad africana. La versión oficial es que el recuerdo era demasiado “doloroso” para ella. Seguramente la única persona en todo el país que no vinculaba a la alegría la fecha del 11 de febrero.

Incluso estaban contentos los actuales inquilinos de Victor Verster -hoy correccional Drankenstein- que vestidos con llamativos uniformes de presos instalaban mangueras para evitar la deshidratación de los entusiastas militantes. “Está bien que haya tanta gente aquí, al menos rompe nuestra rutina” explicaba un hombre visiblemente atacado por la viruela en un descanso de su tarea. La imagen de estos presos negros vigilados por dos enormes policías blancos resultaba, como mínimo, extraña en un día como el de ayer.

Y ¿cómo fue aquél 11 de noviembre de 1990? “Feliz” responden lacónicamente unos chicos que aseguraban haber estado, aunque por edad debería haber sido en uniforme escolar. “Fue emocionante, pero mucho más caótico que esto. -cuenta con más detalles Adam- Había mucha, mucha gente y nadie organizaba nada, no podías pasar por ningún sitio”.

Seguramente entonces tampoco había carpas para VIPS con aire condicionado, copioso desayuno y coros de chicas monas interpretando de forma un poco desubicada las canciones de combate. Tanta referencia a los “camaradas” quedaba un poco paradójica si se pensaba en los otros miles de camaradas que se asaban al sol sin tan siquiera un bocadillo. Pero es que con el fin del apartheid la mayoría negra salió ganando, pero algunos más que otros. Como Ciryl Ramaphosa, entonces sindicalista y hoy uno de los hombres más ricos del país, quien afirmaba que “desde entonces nuestro pueblo ya no está dividido, es un único pueblo”. Aunque no se refería a que esto signifique pasar el mismo calor.

Incluso el secretario general del CNA, Gwede Mantashe, advertía recientemente que “dentro del partido hay demasiada gente muy preocupada por el poder y muy poco por ayudar a los pobres”.

Al final la celebración del “día más importante de la historia reciente” de Sudáfrica -tal y como lo definía uno de los presentadores- se quedó, sobretodo, en un acto de reafirmación partidista, lleno de carteles y camisetas del CNA y parlamentos de algunos de sus principales dirigentes. Aunque falló el también anunciadísimo presidente del país, Jacob Zuma, al parecer demasiado ocupado preparando su intervención parlamentaria prevista para el mismo día por la tarde.

Y la “recreación simbólica de la marcha de la libertad” se redujo a un corto paseo sin demasiada fuerza emotiva y deslucida por la falta de primeras espadas de la lucha de la liberación, a excepción de Mac Maharaj, Ahmed Kathrada y Andew Mlangeni, condenados junto a Mandela en el histórico Juicio de Rivonia en 1963.

Publicat a El Mundo

 
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