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Ir en autobús Imprimir Correu
escrit per Joan Canela i Barrull   
divendres, 05 febrer de 2010
Image
(H)
Puede parecer extraño leer -aún lo es más escribirlo- que en una metrópolis como Johannesburgo, en la que viven siete millones de personas, se extiende por kilómetros y donde se puede encontrar cualquier tipo de lujo o gadget tecnológico de última generación, ya se puede mover uno en autobús. Y estamos en 2010! Pero es que esta ha sido el auténtico regalo de Reyes para los ciudadanos de esta ciudad y, estoy seguro, la infraestructura de los Mundiales que más rápidamente va a amortizarse.

Pero es que antes no había autobuses? Claro, haberlos los había, e incluso dos compañías diferentes, la municipal y la privada Putco, una herencia más del sistema de apartheid, pues en aquellos tiempos la primera era “solo para blancos” y la segunda, más cara y deficiente, para el resto, así que la gente prefería andar o coger los incómodos y peligrosos taxis colectivos que validar el servicio segregado.

Ya en democracia, todo el mundo puede coger el autobús que quiera, pero hasta ahora el servicio era absolutamente caótico: las líneas estaban sin numeración, no había horarios ni ninguna forma humana de conseguir información -la propia web del Ayuntamiento recomendaba no usar los autobuses- que lo más común era verlos pasar prácticamente vacíos sin saber si realmente se dirigían a algún sitio o simplemente daban vueltas y si, los pocos pasajeros que llevaban, sabían donde se dirigían.

Ahora, las cosas empiezan a cambiar. Se ha inaugurado un sistema nuevo de Autobús de Tránsito Rápido. Un sistema probado en otras metrópolis que trata de sumar al autobús las ventajas del tranvía: cuenta con modernas paradas en que unas pantallas electrónicas informan de rutas y frecuencias, carriles exclusivos -incluso separados físicamente para impedir que sean ocupados por los coches- y una flota de centenares de flamantes vehículos que, poco a poco, empiezan a ir llenos. El proyecto se ha llamado muy apropiadamente Rea Vaya (“Nos movemos” en zulú) y para mucha gente es, por fin, una mejora práctica y tangible aportada por un Mundial que hasta el momento ha generado, sobre todo, muchas obras, escándalos de corrupción y constantes polémicas mediáticas.

Pero tampoco esto ha sido fácil. Rea Vaya ha tenido que superar críticas por su alto presupuesto, fuertes desajustes en el funcionamiento -por otro lado típicos en un servicio completamente nuevo y tan complejo- y la desconfianza de una ciudadanía harta de ver como una de las principales promesas de la lucha antiapartheid tardaba 15 años en materializarse. Pero sobretodo ha tenido que superar la oposición frontal e inflexible de los conductores de taxis colectivos, hasta el momento el único transporte posible para toda la gente sin coche. Una oposición que se materializó en durísimas huelgas, quema de autobuses y que incluso se sospecha que se encuentra tras el asesinato del presidente de la asociación de taxistas de Soweto, partidario del servicio de autobuses.

Problemas, pero, que a la postre no se han visto insuperables para poder disfrutar de la ciudad desde detrás de unos amplios ventanales móviles. Una perspectiva totalmente nueva.

Publicat a El Periodico

 
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