
(H)
Puede parecer extraño leer
-aún lo es más escribirlo- que en una metrópolis como Johannesburgo,
en la que viven siete millones de personas, se extiende por kilómetros
y donde se puede encontrar cualquier tipo de lujo o gadget tecnológico
de última generación, ya se puede mover uno en autobús. Y estamos
en 2010! Pero es que esta ha sido el auténtico regalo de Reyes para
los ciudadanos de esta ciudad y, estoy seguro, la infraestructura de
los Mundiales que más rápidamente va a amortizarse.
Pero es que antes no había
autobuses? Claro, haberlos los había, e incluso dos compañías diferentes,
la municipal y la privada Putco, una herencia más del sistema de apartheid,
pues en aquellos tiempos la primera era “solo para blancos” y la
segunda, más cara y deficiente, para el resto, así que la gente prefería
andar o coger los incómodos y peligrosos taxis colectivos que validar
el servicio segregado.
Ya en democracia, todo el mundo
puede coger el autobús que quiera, pero hasta ahora el servicio era
absolutamente caótico: las líneas estaban sin numeración, no había
horarios ni ninguna forma humana de conseguir información -la propia
web del Ayuntamiento recomendaba no usar los autobuses- que lo más
común era verlos pasar prácticamente vacíos sin saber si realmente
se dirigían a algún sitio o simplemente daban vueltas y si, los pocos
pasajeros que llevaban, sabían donde se dirigían.
Ahora, las cosas empiezan a
cambiar. Se ha inaugurado un sistema nuevo de Autobús de Tránsito
Rápido. Un sistema probado en otras metrópolis que trata de sumar
al autobús las ventajas del tranvía: cuenta con modernas paradas en
que unas pantallas electrónicas informan de rutas y frecuencias, carriles
exclusivos -incluso separados físicamente para impedir que sean ocupados
por los coches- y una flota de centenares de flamantes vehículos que,
poco a poco, empiezan a ir llenos. El proyecto se ha llamado muy apropiadamente
Rea Vaya (“Nos movemos” en zulú) y para mucha gente es, por fin,
una mejora práctica y tangible aportada por un Mundial que hasta el
momento ha generado, sobre todo, muchas obras, escándalos de corrupción
y constantes polémicas mediáticas.
Pero tampoco esto ha sido fácil.
Rea Vaya ha tenido que superar críticas por su alto presupuesto, fuertes
desajustes en el funcionamiento -por otro lado típicos en un servicio
completamente nuevo y tan complejo- y la desconfianza de una ciudadanía
harta de ver como una de las principales promesas de la lucha antiapartheid
tardaba 15 años en materializarse. Pero sobretodo ha tenido que superar
la oposición frontal e inflexible de los conductores de taxis colectivos,
hasta el momento el único transporte posible para toda la gente sin
coche. Una oposición que se materializó en durísimas huelgas, quema
de autobuses y que incluso se sospecha que se encuentra tras el asesinato
del presidente de la asociación de taxistas de Soweto, partidario del
servicio de autobuses.
Problemas, pero, que a la postre
no se han visto insuperables para poder disfrutar de la ciudad desde
detrás de unos amplios ventanales móviles. Una perspectiva totalmente
nueva.
Publicat a El Periodico