Entre las escarpadas laderas
verdes del Drakensberg uno se imagina sin dificultad los carros de los
boers adentrándose en el África profunda hace un siglo y medio. Y
se comprende fácilmente porque esta epopeya se convirtió en el
mito fundacional de la nueva nación africana.
Las Montañas del Dragón,
como las bautizaron estos colonizadores holandeses –aunque los zulúes
ya las llamaban uKhahlamba o “barrera de lanzas”- parecen, desde
lejos poco más que unas suaves colinas coronadas por unas agujas de
roca. Nada más lejos de la realidad. Esta inmensa cordillera encierra
sorpresas a cada paso que damos y contiene increíbles parajes naturales.
A medida que nos acercamos las estribaciones se van haciendo más y
más abruptas y los valles más y más angostos hasta topar –algunas
veces literalmente- con paredes rocosas totalmente verticales de centenares
de metros y, a menudo, acabadas en mesetas planas. Con nombres tan ilustrativos
como el Castillo del Gigante, la Catedral, el Diente del diablo o el
Anfiteatro, bajo su sombra es normal sentirse totalmente empequeñecido
ante la inmensidad de la naturaleza.
Y más arriba aún encontramos
los grandes picos, verdaderos nidos de águilas como el Mafadi, el Makoaneng
y el Njesuthi. Aunque su altura es comparable a la de los mayores picos
de los Pirineos –el punto más alto, el Thabana Ntlenyana, supera
la altura del Aneto- tienen en general mayor dificultad, a pesar de
la inexistencia de glaciares.
Estas formas extremas se deben
a la estructura geológica prácticamente única en el mundo donde a
una base de gres se le añadió una cobertura de basalto proveniente
de una inmensa erupción volcánica hace 200 millones años.
El Drakensberg se divide generalmente
en tres secciones: sur, centro y norte. Aunque naturalmente el centro
es donde se encuentran los picos más altos y las zonas más inaccesibles,
el resto de la cadena no tiene nada que envidiar a nivel paisajístico.
Además, al ser un territorio con muy poca presencia humana, en cualquier
lugar es fácil sentir la emoción de los espacios vírgenes.
Sani Pass
Las formas accidentadas del
Drakensberg son el “secreto” de las vistas espectaculares por el
que es famoso, así como de las numerosas cascadas y saltos de agua
que se cruzan constantemente. Una vez coronado el collado los diferentes
valles se despliegan majestuosamente a nuestros pies y con una claridad
sólo estropeada por las nieblas, bastante habituales y que son el origen
de tan mitológico nombre.
Posiblemente, la mejor de estas
vistas es la que se ofrece desde el Sani Pass, en el extremo sur de
la sierra, el paso fronterizo más elevado del país y mediante el cual
se entra a Lesotho. Usado habitualmente por los militantes y guerrilleros
antiapartheid para buscar refugio en el pequeño país vecino, hoy no
tiene una finalidad solamente turística, pues a pesar de la incomodidad
del camino, hay mucha gente que cruza la frontera para evitar la larguísima
ruta alternativa.
El trayecto consta de una pista
relativamente bien conservada que sube rápidamente hasta superar los
2873 metros del Sani Pass para acceder a un altiplano rodeado de montañas,
ya al otro lado de la frontera. Desde allí se observa claramente todo
el camino recorrido y más allá la extensión del país de los zulúes.
Es un placer difícil de comparar situarse hasta el borde mismo del
despeñadero y observar las águilas planear a solo unos metros bajo
nuestros pies.
Con un pequeño refugio, es
ideal como campo base para excursiones y escaladas.
Aunque las combis –pequeñas
furgonetas- que hacen de taxis colectivos lo suben, es recomendable
hacer el trayecto a pie o usar un 4x4.
Lesotho, el país de las
montañas

(H)
Como los Pirineos, el Drakensberg
cuenta con su propia Andorra, su pequeño país de las montañas, totalmente
inserido dentro de territorio sudafricano. Lesotho cuenta con el tamaño
de Bélgica aunque no tiene más de un millón de habitantes. La mayoría
de su territorio está ubicado en altiplanos a gran altura que son su
suerte y su maldición al mismo tiempo. Este relativo aislamiento le
permitió conservar gran parte de sus instituciones de forma ininterrumpida
e incluso negociar un protectorado con el imperio inglés con más autonomía
que el resto de las colonias. Esta situación lo dejó fuera de la Unión
Sudafricana, creada por la fusión de las colonias británicas con las
repúblicas boers, y por tanto sus habitantes se ahorraron la traumática
experiencia del apartheid.
Al mismo tiempo, excepto algunos
valles, sus tierras son yermas y difíciles para el cultivo, por lo
que muchos de sus habitantes se han visto forzados a emigrar a Sudáfrica.
Hoy en día sus principales recursos son el turismo y el agua mineral,
que proveen los espléndidos manantiales del Drakensberg.
Con una floreciente industria
de turismo ecológico y de montaña, es realmente aconsejable visitar
Lesotho. Hay numerosas agencias que ofrecen diferentes tipos trekkings,
desde cortos paseos de media jornada a duras travesías de varios días,
escaladas de todas las dificultades, rafting por aguas cristalinas o
rutas a caballo o en bicicleta de montaña. Incluso existe la única
pista de esquí de la región, aunque es muy pequeña y no es recomendable
viajar hasta la punta de África solo para esquiar.
También es mucho más
“africano” que el país vecino, pues la mayoría de pueblos conservan
la arquitectura tradicional de casas redondas y se mantienen numerosas
tradiciones y costumbres que en Sudáfrica fueron destruidas por el
apartheid y la urbanización.

(H)
La faceta cultural queda completada
por otra de las características más increíbles del Drakensberg: sus
pinturas rupestres, pintadas por los San –los pueblos africanos que
habitaban el África Austral hasta la llegada de los pueblos bantú,
tales como los zulúes o los sotho- a lo largo de miles de años. Aún
se conservan frescos inmensos con una gran calidad y fácilmente observables
en diferentes partes del centro y el norte de la cordillera. Los San
se refugiaron en las partes más inaccesibles de las montañas y resistieron
hasta bien entrado el siglo XIX, así que su arte refleja su vida cotidiana
hasta la llegada de los colonos blancos con sus carros y sus fusiles,
perfectamente distinguibles en las pinturas.
Fauna africana
Sin extensos bosques, la mayor
característica del Drakensberg son los inmensos prados de helechos
gigantes donde te hundes completamente. De hecho, ante tal paisaje y
la total ausencia de vida humana uno no llegaría a extrañarse si ante
sus ojos apareciera un dinosaurio pastando. Pero aunque no se llegue
a estos extremos, la variedad –y cantidad- de fauna es uno de los
encantos que lo hacen diferente a cualquier macizo europeo.
La gran ventaja del Drakensberg
frente a los parques más famosos, como el Kruger, es que la inexistencia
de animales peligrosos –excepto las serpientes, es recomendable el
uso de unas buenas botas- permite las excursiones a pie libremente.
Pero a pesar de su paisaje y su clima alpinos, estas montañas se encuentran
realmente en África. En las excursiones es fácil ver grandes mamíferos
de las familias de antílopes y gacelas, tales como ñús, kudús, nyalas
y sprinboks (este último símbolo de la selección sudafricana de rugbi).
También hay monos y babuinos famosos por su habilidad en robar las
bolsas del visitante despistado así como centenares de especies diferentes
de aves y roedores.
Datos prácticos
Antes de viajar a Sudáfrica
es imprescindible pensar que las estaciones están cambiadas y que el
invierno austral se desarrolla en nuestro verano y al revés. Pero a
parte de este detalle, las temperaturas son similares a las pirenaicas.
Es importante la época de lluvias, que se extiende de noviembre a marzo,
que transforma totalmente el paisaje en una extensa gama de verdes pero
que habrá que compartir con aguaceros diarios cortos pero intensos
a última hora de la tarde.
Una ventaja añadida es que
no hay vacunas obligatorias.
La llegada al Drakensberg más
fácil es a partir de la N3, una de las principales autopistas del país
y que une Johannesburg con Durban bordeando buena parte de la cordillera.
También son buenos la mayoría de accesos a los montes pero conviene
planear bien que parte se quiere visitar antes de comenzar, pues para
moverse de una área a otra se requerirá volver a salir a la autopista
y volver a entrar, lo que significa un mínimo de seis o siete horas
de coche.
A lo largo de todas las montañas
se encuentran un buen número de parques: en el sur las reservas naturales
de Sani Pass y Cobham, en el centro el Parque Nacional Ukhlamba/Drackensberg,
el más grande y catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco,
y la reserva de Giant’s Castle. En el norte los parques nacionales
de Royal Natal y Golden Gate Highlands.
Todos los parques cuentan con
buenas infraestructuras turísticas, incluidos sitios para dormir con
una excelente calidad precio y, normalmente, otros servicios como restaurantes
o gasolineras. En las afueras aumenta la oferta de hoteles, albergues
y casas rurales a diferentes precios, desde propuestas realmente lujosas
como el Hotel Cathedral Peak –donde llegó a alojarse el Sha de Persia-
a unos 180 euros la habitación doble hasta numerosos backpackers
para mochileros (los hay desde 15 euros por persona) y campings, así
como diferentes propuestas intermedias. Los alojamientos dentro de los
parques son públicos y de muy buena calidad. Una cabaña perfectamente
equipada para cuatro personas cuesta unos 90 euros e incluye la entrada
en el parque.
Webs recomendadas:
www.kzn.org.za (página oficial de turismo de la
provincia de Kwa-Zulu Natal)
www.drakensberg.org.za (página de la Asociación de Turismo
del Drakensberg)
www.kznwildlife.com (página del ente gestor de los parques
naturales de Kwa-Zulu Natal
Publicat a Zazpi Haizetara