Emoción. Si se tuviera que
resumir la jornada "electoral" de ayer en 167 municipios catalanes
habría que decir que fue un día emocionante. Vic, la capital de la
comarca de Osona y epicentro de esta oleada de consultas respiraba a
mezcla de día histórico y de domingo electoral normal: propaganda
electoral por todas las calles, abuelos haciendo cola a primera hora
de la mañana, familias aprovechando el paseo dominical para votar...
pero con gente emocionándose en el momento de introducir su papeleta
en la urna.
Rosa Maria Camps, voluntaria
en un colegio de vigatense acumuló anécdotas para un mucho tiempo,
desde el señor mayor que aseguraba llevar 73 años esperando este día,
hasta el padre que les decía a sus hijos que ellos ya no tendrían
que hacerlo pues ya vivirían en un país libre, pasando por el Mosso
d'Esquadra de uniforme que votaba a condición que no le hicieran ninguna
foto, "sino se me cae el pelo", advertía.
En el centro de coordinación
de la consulta en el ámbito comarcal imperaba una disciplina férrea
-"Nuestro objetivo es ser capaces de funcionar como un estado"
explicaba Eric Herrera, miembro de la organización- pero también mucho
nerviosismo, sobre todo cuando empezaron a agotarse las papeletas en
el Templo Romano, el colegio más céntrico de la ciudad. "Pero
si hemos impreso 90.000", se preguntaba un voluntario sin caer
que al poder votar la gente en cualquier colegio era imposible calcular
a priori la distribución de las papeletas.
Mientras, en un ambiente de
euforia contenida, llegaban noticias de colas en los pueblos, multitudes
en los actos convocados para amenizar la jornada y adhesiones inesperadas
de alcaldes socialistas o comunidades inmigrantes
Vaso medio lleno o medio
vacío
Al final la participación
fregó el 30%, con 192.490 votantes de los 702.072 posibles, un 95%
de ellos favorables a la independencia. Un resultado que, al quedar
por debajo del listón del 40% marcado por Arenys, da un respiro a los
autonomistas que, paradójicamente, en sus críticas equiparaban la
organización del domingo con la de cualquier otro comicio, reconociendo
así las ansias estatistas de Herrera.
Por el otro lado, el alcalde
de Arenys de Munt y portavoz de la coordinadora nacional, Carles Mora,
describía los resultados de "heroicidad", teniendo en cuenta
la precariedad de los medios. Y es que se mire como se mire, es innegable
que tiene su mérito arrastrar 200.000 personas -de un total máximo
de 700.000- hasta las urnas en una acción sin valor legal y organizada
desde la sociedad civil, sin ningún tipo de apoyo institucional y un
presupuesto ridículo.
La fuerza que ha tenido la
acción se puede medir en las portadas de los periódicos. Así, mientras
los rotativos madrileños salían belicosos -El Mundo titulaba "La
mascarada de las consultas da alas a los separatistas" y El País
"Las consultas independentistas en Cataluña se saldan con una
baja participación"- los barceloneses El Periódico y La Vanguardia
-nada sospechosos de flirtear con el soberanismo- eran mucho más prudentes.
"Ganan todos" titulaba salomónicamente el primero, en referencia
a los análisis de defensores y detractores, mientras el segundo abría
con un sorprendente "Las consultas catalanas envían una señal
cívica". Toda una muestra que en Catalunya la opción independentista
ya no es marginalizable o criminalizable.
Pero al margen de las declaraciones
habituales de uno y otro bando, ¿cuál era el resultado necesario para
dar por buena la acción? Es obvio que el listón de Arenys era difícil
de superar en una apuesta cien veces mayor pero dentro del propio hay
divergencias sobre si se hubiera podido conseguir más. Así, frente
al triunfalismo de Mora, López Tena, coordinador en Osona, lamentaba
cierta improvisación en la organización de muchas consultas, asegurando
que "con una mayor planificación se podría haber conseguido una
participación un 10 o 15 por ciento mayor". Para López Tena las
consultas no pueden limitarse a ser una mera acción "de costillada"
sino que tienen que tener una "credibilidad total". Una obsesión
que supo transmitir en la organización de la consulta en Osona.
Si bien es cierto que la participación
ha sido muy desigual, siendo mucho más elevada en los pueblos pequeños
-donde en muchos casos superaba los últimos comicios europeos- que
en las ciudades, también lo es que el nivel de organización se ha
hecho sentir. Así, poblaciones grandes como Vic -con un 41%,- Berga
-32- o incluso Sant Cugat -el municipio más poblado donde se votaba,
con un 25%- han conseguido participaciones mucho más elevadas que núcleos
más pequeños como Constantí -13%,- Roses -10,- o Tàrrega -21. Datos
que vendrían a avalar las palabras de López Tena.
¿Y ahora qué?
Según el guión previsto,
los siguientes pasos son las nuevas oleadas de consultas previstas para
febrero y abril, donde estas se extenderían a ciudades más grandes
-se habla incluso de Barcelona- y a comarcas donde el nacionalismo ha
tenido menos peso histórico, e incluso las Baleares y el País Valenciano.
Pero ya hay quien habla de quemar etapas y proponer una ILP para forzar
al Parlament ha convocar un referéndum a nivel del Principado. Una
propuesta que ya fue rechazada en julio por está cámara pero que ahora,
según sus promotores, "no podría oponerse".
A este panorama hay que sumar
la proximidad de las elecciones autonómicas, previstas para dentro
de un año, con lo que se dificulta la acción conjunta de los partidos
catalanistas y para las que se anuncian sin parar nuevas candidaturas
independentistas.
Publicat a Berria