A pesar de ser una acción
simbólica a nadie escapa que la convocatoria de referéndums simultáneos
en 170 municipios con un censo total de más de 700.000 habitantes tiene
una trascendencia política de primera magnitud. Primero demuestra la
vitalidad de la sociedad civil catalana que a partir de sus asociaciones
de base -ateneos y colectivos populares, pero también asociaciones
culturales, entidades deportivas o AMPAS de colegios- ha sido capaz
de organizar un evento de estas características. Segundo indica que
el sentimiento del catalanismo mayoritario, que hasta el momento se
repartía entre una autonomía con más competencias, el sueño de una
España federal o la reivindicación independentista, está moviéndose
rápidamente hacia la tercera opción. Un cambio de un calado tal que
ya se empieza a notar en las bases de los propios partidos, con sus
concejales aprobando mociones de apoyo a las consultas -a día de hoy
ya son 219 municipios- a disgusto disimulado de sus dirigentes -como
en el caso de CiU- o directamente en contra de las directrices de su
cúpula, tal y como han hecho muchos concejales socialistas.
El tercer elemento a tener
en cuenta es como el movimiento se desliza suavemente hacia la desobediencia
civil, forzando una legislación que prohíbe explícitamente el ejercicio
de la autodeterminación. En el caso de Arenys, en septiembre, el Ayuntamiento
acató la prohibición judicial de ceder espacios municipales, esta
vez ya son varios los consistorios que desobedecerán. ¿Cuál será
el siguiente paso?
Sin reacciones aparentes
Quizás escamados tras la experiencia
de Arenys, esta vez no ha habido una oposición frontal de los organismos
del Estado a las consultas, e incluso Falange ha renunciado a sus manifestaciones.
La postura ha sido, más bien, de tratar de restarle importancia y,
sobretodo desde el gobierno, dejarle la iniciativa al PSC en este campo.
Esta vez parece que no serán
las apisonadoras de la Brunete madrileña las que harán de "martillo
de herejes", sino que se ha encargado el trabajo a los autonomistas
"de casa". En este sentido se lee desde el mundo independentista
el editorial conjunto de los doce periódicos catalanes. "Lo que
era una acción simbólica contra una hipotética sentencia del Tribunal
Constitucional se convierte en una acción contra las consultas"
advierte Partal desde la páginas de Vilaweb.
Pero esta estrategia es obvio
que hubiera tenido sentido en septiembre, cuando solo votaba un pequeño
pueblo de 8.000 habitantes, pero hoy la bola ya es demasiado grande
y como advierte a menudo el filósofo Josep Maria Terricabras "un
pueblo no se autodetermina a cada elección, pero si lo puede hacer
en una concreta". O sea, que si la República se proclamó tras
unas elecciones municipales, quién sabe de que vía puede llegar la
independencia.
Logros y peligros
A parte de la cuestión nacional
en si mismo, el movimiento de las consultas ya ha conseguido su primer
gran logro. Al reconocer el derecho de voto de todos los inmigrantes,
sea cual sea su situación legal, se ha convertido en la mayor acción
por la plena ciudadanía realizada nunca en Catalunya Un detalle que
no ha pasado desapercibido a las asociaciones de inmigrantes, que ya
han organizado una plataforma -Inmigrantes pel Dret a Decidir- para
promover la participación entre sus comunidades. "Catalunya nos
reconoce la ciudadanía que España nos niega" asegura Diego Arcos,
presidente del Casal Argentino y partidario acérrimo de la independencia.
Pero el movimiento no está
exento de peligros. Desde la Esquerra Independentista se ve con cierto
recelo como al carro del movimiento ciudadano se suben personajes al
menos dudosos y se teme que ciertos partidos -sobre todo CiU, pero también
ERC- no renunciarán fácilmente a tratar de controlarlo para, en el
caso de los primeros, desactivarlo una vez recuperada la Generalitat.
Además queda el tema de la
territorialidad. ¿Quién se está autodeterminando? ¿Sólo las cuatro
provincias de la Comunidad Autónoma de Catalunya o toda la nación
catalana que incluye también Baleares y el País Valenciano? La mayoría
de las consultas entran en una ambigüedad más o menos calculada -nadie
niega que el sentimiento independentista fuera de Catalunya es mucho
más débil- que mientras para algunos ya sirve para cumplir el trámite,
para otros significa una posible renuncia imperdonable.
Y
¿después qué?
Al final, el principal peligro
de las consultas serán las propias expectativas generadas. Por que
¿cuánta participación es necesaria para considerarlas exitosas? El
resultado de Arenys -un 40%- ha puesto el listón muy alto, difícil
de igualar en una acción de una magnitud mucho mayor. Después aun
vendrá la parte más difícil: la extensión de las consultas a las
grandes ciudades como Barcelona y Lleida, con una población mucho menos
nacionalista y una sociedad civil más difícil de movilizar -sin contar
Baleares y País Valenciano,- lo que conllevará el riesgo de dar la
sensación que el movimiento se va apagando.
Y, finalmente, una vez acabado
este ciclo ¿qué? Anna Arqué, portavoz de la coordinadora de las consultas
apuesta porque la presión "fuerce a nuestro Parlament a convocar
un referéndum a nivel nacional". Una opción más bien difícil,
como mínimo antes de las elecciones autonómicas del próximo año.