Si en la era de la información,
la cantidad de correos electrónicos que se reciben sobre cierto tema
puede ser considerado un síntoma del grado de preocupación que este
genera en una sociedad, es evidente que lo que a la sociedad catalana
le preocupa es su relación con España. Es más que obvio que el “efecto
Arenys” -el “juego de desinhibición mental” como lo describió
Jordi Bilbeny, uno de sus impulsores- ha surgido su efecto y millares
de personas se preparan febrilmente para las consultas de mañana como
si se tratara de tomar la decisión definitiva sobre la separación,
o no, de España.
Los datos son esclarecedores
del tamaño e importancia de este enorme movimiento social: 170 municipios
convocantes, más de 700.000 ciudadanos con derecho a voto (más que
en una elecciones normales, puesto que ahora podrán participar los
mayores de 16 años y los inmigrantes empadronados sea cual sea su situación
legal), miles de voluntarios -500 solo en Sant Cugat, la ciudad más
grande que celebra la consulta,- centenares de entidades implicadas,
observadores internacionales y un rosario inacabable de adhesiones y
apoyos. Y todo esto, al fin y al cabo, por una acción “fuera de la
ley y que no tiene consecuencias”, en palabras de Fernández de la
Vega en la vigilia de la consulta de Arenys.
Movimiento y nervios
Pero a nadie escapa que la
acción colectiva de domingo será algo más que un mero simbolismo.
El posicionamiento de cada vez más sectores de la sociedad catalana
en favor de las consultas no puede dejar de sorprender en un país donde
hasta hace poco aún pedía la aplicación del Estatut.
Ya son 229 plenos municipales
y cinco consejos comarcales los que han aprobado su apoyo a las consultas,
en un movimiento transversal que ha tenido la única oposición frontal
del PP. CiU, ERC, CUP y decenas de candidaturas independientes locales
han apoyado masivamente las mociones, mientras que los concejales del
PSC se dividían entre los que seguían las directrices de rechazo de
la cúpula, los que las desobedecían con su voto afirmativo y los que
se abstenían.
Ante este panorama no es de
extrañar que el nerviosismo se vaya extendiendo en la sede de la calle
Nicaragua. Sin querer demonizar directamente una iniciativa que cuenta
con el apoyo de decenas de miles de ciudadanos -incluidas parte de sus
bases, vistos los resultados de muchos plenos- el PSC trata quitar hierro
a las consultas acusando la “España separadora” del fenómeno.
Más explícito, José Zaragoza, secretario de organización socialista,
cree que estas “pueden perjudicar” la defensa del Estatut ante el
Tribunal Constitucional. Según los mentideros del Parlament, sería
precisamente a Zaragoza a quien se le atribuiría la paternidad del
editorial conjunto de de doce periódicos en defensa del Estatut. “Lo
que era una acción simbólica contra una hipotética sentencia del
Tribunal Constitucional se convierte en una acción contra las consultas”
editorializaba Vicent Partal desde Vilaweb, el periódico digital de
referencia del soberanismo.
Todo a punto para
el Día D
Pero la cuestión central en
las conversaciones de café y en las colas de los mercados no es el
Estatut -lastrado por el cansancio que supone un culebrón de más de
seis años- sino las consultas. “La centralidad se ha movido” asegura
Partal. O en palabras de Joan Laporta, presidente del Barça y estrella
ascendente de esta oleada soberanista: “La independencia ya se ve
como algo posible”.
Y todo esto a pesar de un cierto
“apagón mediático” de los grandes medios, que tratan de quitar
hierro al asunto. Una actitud que ha dejado vía libre a internet y
los medios locales y comarcales para liderar el seguimiento del 13-D.
Mientras tanto, la campaña
sigue sumando apoyos día tras día y los actos de la campaña registran
una afluencia sin precedentes en los actos políticos. Para evitar descalificaciones
fáciles la organización trata que todo “se asimile lo más posible
a un referéndum legal”, como defiende Alfons López Tena, portavoz
de la plataforma Osona Decideix, que coordina las consultas en esta
comarca. Él mismo escribió al Centro Carter pidiéndole la presencia
de observadores internacionales “para garantizar que nadie pueda poner
en duda los resultados finales”. Aunque al final el Centro Carter
no mandará observadores, en la carta de respuesta aseguraba “seguir
con interés el proceso” catalán y que estudiaría hacerlo en las
próximas oleadas de consultas.
Lección de ciudadanía
Una de las novedades más importantes
del 13-D es que los inmigrantes empadronados en los municipios donde
se realiza la consulta podrán votar, con independencia de su situación
legal. Lo que significa una ampliación del censo de más de 140.000
potenciales votantes, una dificultad añadida a la hora de conseguir
una máxima participación.
Pero la decisión la justifica
con sencillez López Tena, al afirmar que “sería una contradicción
permitir votar a los inmigrantes de origen español y no a los de otros
orígenes”.
Aunque muchos colectivos de
inmigrantes den un calado mucho mayor a esta posibilidad. “Catalunya
nos da la ciudadanía que España nos niega -afirma Diego Arcos, presidente
del Casal Argentino de Catalunya y acérrimo independentista,- es una
razón más para ponernos al lado de los catalanes de origen para liberar
esta nación tal y como los argentinos hicimos hace 200 años.”
Para este fin se ha creado
la plataforma Inmigrantes por el Derecho a Decidir, que potenciará
la participación de sus comunidades el 13-D.
Publicat a Berria